Cómo le pedí matrimonio a Valentina: La historia de un hombre enamorado

Creo que existen dos momentos en los que un hombre demuestra su hombría: Cuando conoce al suegro y cuando le pide la mano.

En esta ocasión les voy a platicar acerca de la pedida de mano, la cual no fue nada sencilla. Para empezar debíamos escoger un anillo, esto no fue difícil pues fui poco a poco conociendo el terreno ya que siempre le preguntaba a Valentina la pregunta más tonta de todas: “Cuando te pidan la mano, ¿qué anillo es el que más te gustaría?” Obvio ella no sabía que yo moría por casarme con ella, pero en fin. Durante dos años siempre que veíamos una joyería le preguntaba lo mismo y siempre escogía el mismo anillo con la misma piedra, fue así que logre memorizar el anillo ideal. No dejes de leer la versión de Valentina con todos los detalles sobre cómo inició la planeación de la boda.

La entrega del anillo
La entrega del anillo

La verdad no tenía planeado casarme, sabía que en algún momento quería casarme con Valentina pero no sabía cuándo. Hasta que en vísperas de Navidad iba caminando por una joyería y vi los anillos que tanto le gustaban a Valentina, lo primero que me imagine eran sus ojos y su sonrisa…. Eso me provocó un sentimiento que jamás en mi vida había sentido, fue justo en ese momento cuando supe que “quería casarme con ella”. Fue una fuerte carga de dopamina que inundaba mi cerebro al borde de querer llorar al saber que había encontrado a la persona con la que estaría dispuesto a dedicar toda mi vida.

En 1,2,3 le marque a su hermano menor para que fuera a la joyería y se midiera el anillo, le pedí un par de consejos y listo “HABEMUS ANILLO”.

Ya con el anillo de compromiso en mano seguía la pedida de mano y momento mágico. Está increíble la historia del anillo de compromiso en sólo tres minutos.

Foto: Ricardo Arellano
Foto: Ricardo Arellano

Logré que toda su familia volara a San Francisco, con el pretexto de ir de vacaciones e ir a ver al primo de Valentina con el que convivió toda su infancia, pues ella me había pedido dos cosas: que no fuera en la Ciudad de México y que estuviera toda su familia el día que le pidieran la mano.

La verdad es que no iba con nada planeado, por más que pedía opiniones no recibía más que ideas muy choteadas y aburridas como: llévala a comer al restaurante más caro, en helicóptero, en un globo, en paracaídas, un Flash Mob…. ¿Qué? ¿No están aburridas? Bueno yo necesitaba que fuera algo inesperado, con un toque de suspenso y mucho, ¡pero mucho romance! Pero nada llegaba a mi cabeza, hasta un día antes de viajar como por obra divina llego a mí una grandiosa idea que Valentina jamás olvidaría y obvio jamás nunca antes vista en ningún video de YouTube. Descubre las ideas mías creativas para una pedida de matrimonio.

Ya estando en San Francisco, intenté involucrar a su familia para la pedida de mano, pero mis intentos eran en vano. Pues jamás tuve el valor de acercarme con el líder de la manada, “Mi suegro”. El valor estaba ausente, tenía un miedo y los días pasaban, hasta que llegó el día. Me armé de valor y salí a las calles a demostrar de lo que está hecho un hombre.

Foto: José Villa
Foto: José Villa

Toda la historia la pueden ver en el video. Mis nervios podrían crear un tsunami o un terremoto, no paraba de temblar. Me moría por ver la cara de Valentina en cada una de las pistas, para esto le pedí a su hermano que grabara cada momento y fuera su Chaperón (aunque lo único que grabo fueron sus pies). Fue todo un día de aventura en la búsqueda del tesoro, para mí fue increíble poder conocer toda la ciudad en transporte público (ella se quedó con el coche, obvio). Mientras viajaba de un punto a otro donde ponía las pistas, me puse un poco en el mood romántico y comencé con el playlist más cursi que hubiera en mi iPhone, reflexionando y convenciéndome que ella es y será el amor de mi vida.

¿Por qué una búsqueda del tesoro?

Cuando Valentina llego a mi vida, logré entender que la vida es un rompecabezas y cuando terminas los pedazos vas descubriendo cosas nuevas, hasta llegar a un tesoro. Mi vida fue lo mismo, tuve que pasar por distintas etapas y retos para poder encontrar a Valentina, si no hubiera sido por esas buenas y malas decisiones que tome a lo largo de mi vida jamás hubiera llegado hasta ella.

Quise poner las pistas en lugares fáciles como el departamento de su primo, la cafetería donde desayunábamos, etc. Pero entre más me acercaba a la ciudad era más complicado dejar las pistas, así que tenía que hacerme cómplice de todos (además de dejar una buena propina) explicándoles mis intenciones y todos quedaban encantados con muchas ganas de ayudarme. Hasta que llegué al Ferry donde quería dejarle la penúltima pista, pero topé con pared. El capitán me abrió como pistache, argumentando que no podía hacer eso por mí, si hacia eso al rato más gente iba a pedirle ese tipo de favores… ¡Imagínense mi cara!

Foto: Sally Pinera
Foto: Sally Pinera

El tiempo corría y Valentina cada vez se acercaba más así que deje la pista en un puesto de periódicos y fui a comprarme un disfraz para poderme subir al mismo Ferry que ella y no me reconociera.

Una vez que estuvimos del otro lado, tuve que correr para que no me viera…. Pero se me olvido decirles que tengo dos pies izquierdos, así que al ir bajando me caí como gordo en tobogán y tiré todos los postes. Por suerte Valentina es muy distraída y no se dio cuenta, pero yo casi muero de un infarto.

Corrí a buscar la vista más bonita de la isla, hasta que llegué a ella y una vez más vi los ojos de Valentina y su sonrisa. Los nervios me aniquilaban lentamente, comencé a colocar un par de bocinas para que ella siguiera la música y supiera donde estaba (canción de “Love me like you do”, de fondo por favor).

Foto: Annmarie Swift Photography
Foto: Annmarie Swift Photography

El momento era perfecto, la música generaba un ambiente mágico, toda la gente estaba intrigada por saber qué estaba pasando, yo únicamente cerré los ojos y esperé hasta que ella llegara. Después de unos instantes, abrí los ojos y estaba ella caminando hacia mí, con los ojos y la mirada que me imaginaba, los mismos ojos que me hicieron saber que era el momento de casarme. Me hinqué y con voz muy débil le pregunte “¿Te quieres casar conmigo?”.

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Fotos de Ricardo ArellanoAnnmarie Swift Photography, Sally Pinera y Jose Villa Photography vía Style Me Pretty

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